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2.9.10

Rachida

No es muy alta; de tez oscura sin ser negra, como muy quemada por el sol pero ese sol que denota que no ha sido por placer, sino por trabajo. Su edad es indefinida, al menos para mi, las arrugas, el trabajo y el tiempo, que a veces es cruel, han pasado por ella dejándola marcada.

Sus ropas no están precisamente limpias, o al menos no lo parecen, pero no es esa suciedad de quien es un dejado, sino la que produce esta ciudad en la que vive, llena de arena hasta en los huecos más insospechados.

A Rachida la conocí hace tres años, cuando todavía no tenía nombre y era una simple vendedora de jazmín en Khan El-Khalili. Para quienes no hayáis estado allí os diré que aguantar a los vendedores "ambulantes" del Khan es aún más difícil que soportar las continuas llamadas desde las tiendas: monederos, pañuelos de papel, muñecas, helicópteros de juguetes, encendedores, pulseras, alfombras, abanicos.. un torturante ir y venir al que se le suman las tatuadoras con henna y los vendedores de jazmín.

Rachida era una de esas a las que siempre decía "la, shukran"*. Tantas veces se lo repetí y tantas veces me vió que en mi último día de visita al mercado acabó regalándome un collar de jazmín... que yo enrosqué en mi muñeca durante toda la noche.


Este verano, después de tres años, mi sorpresa fue mayúscula al ver como Rachida me reconocía, porque no sólo se le notó en los ojos, que sonreían, sino en sus gestos. La diferencia es que esta vez me rendí desde el principio y le compré su jazmín, lo que provocó una extraña relación entre las dos: allá donde me veía me saludaba y, finalmente, la tercera noche intercambiamos nombres en mitad de un callejón, donde ella estaba sentada tomándose con cara de cansancio un té.


Rachida cambiaba la cara cuando nos veía por el mercado, sentadas en el café; no diré que se le dulcificaba, porque sería ser demasiado generosa, pero la verdad es que se relajaba y parecía otra. Si no le comprábamos jazmín nos lo regalaba y si le comprábamos, nos daba siempre de más. Intercambiábamos unas cuantas frases en árabe (yo no daba para más) y hacía bromas con los camareros o los otros vendedores con respecto a nosotras.. ahora éramos parte suya, quizás no de su propiedad, pero esa sería la idea...

La noche antes de empezar el Ramadán nos presentó a su hijo, una copia joven y masculina de ella; lo hizo con voz de orgullo, presumiendo de él. Al despedirnos antes de volver al hotel, le deseé un feliz Ramadán y me fue a dar un beso.. me adelanté y se lo di yo a ella, no sabría cómo explicároslo: se me olvidó cuales eran las muestras de respeto que habíamos aprendido en Marruecos y lo único que se me ocurrió fue eso... Se merece todo el respeto del mundo, aunque supongo que a muchos les sorprendería nuestro gesto.

No hay nada como ser extranjero y dejarse llevar...

(* no, gracias)

6 comentaris:

Anònim ha dit...

Me encanta como escribes cuñada. Besos Sonia

Shaabia ha dit...

Sabes que impresión me llevé de Rachida... que era una mujer feliz.
Quizás sí, vive de lo poco que le damos los turistas por esos collares de jazmín, pero es que esos collares endulzaron la noche, con su olor, y mi maleta durante todo el viaje.
Ahora cuando sienta ese olor, me transportará a El Cairo.

Chayo ha dit...

Precioso escrito, preciosa vivencia...
¡¡Gracias por compartirla!!
Yo aún recuerdo a una niña preciosa en Túnez que iba solita por la calle "reglando" jazmín... Sus ojos verdes se clavaron en mí y creo que no la olvidaré nunca...
Ainssss!!!

Un besito!!

Sònia... no tan fiera... ha dit...

GRacias Sonia! :)

Creo que cada vez tengo más claro que para escribir medianamente decente he de irme fuera y vivir cosas nuevas..

Sònia... no tan fiera... ha dit...

Shaabia yo también tenía esa impresión, porque realmente se le iluminaba la cara.. pero cuando la vi tan cansada en aquel callejón.. uffff es como si todo se le viniera encima... Prefiero quedarme con la impresión feliz... y volver más veces para que me siga reconociendo! ;)

Muaksssss

Sònia... no tan fiera... ha dit...

Chayo, es que al final, de todos estos viajes lo que más se suele recordar son las personas, no los monumentos (vale, hay personas que son monumentos, pero de esos ya hablaremos!)

Besazos!